CDMX -- A casi tres años de haber recuperado la máxima calificación en seguridad aérea, la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) enfrenta una nueva evaluación crucial por parte de la Administración Federal de Aviación (FAA) de los Estados Unidos, cuyo desenlace mantendrá en vilo a la industria nacional durante la segunda mitad de 2026.

La autoridad mexicana ya dio el primer paso al responder un exhaustivo cuestionario técnico de más de 300 preguntas formuladas por los inspectores estadounidenses.

Este formulario es la antesala de la auditoría presencial programada para este mes de agosto, en la que personal de la FAA verificará en tierra si México cumple con los estándares internacionales de supervisión y vigilancia operativa.

El fantasma de la degradación

Esta revisión no es un trámite ordinario. Se trata de un seguimiento condicionado derivado de los compromisos adquiridos por México en septiembre de 2023, cuando logró salir de la lista negra de la Categoría 2. El foco de los auditores estadounidenses está puesto sobre la sostenibilidad del sistema aeroportuario mexicano: si la AFAC cuenta con el presupuesto suficiente, si incrementó el número de inspectores y si estos reciben la capacitación técnica necesaria para garantizar la seguridad de los pasajeros.

Aunque no existe una fecha fatal para conocer el veredicto, fuentes del sector estiman que la resolución final se dará a conocer en los próximos meses.

El proceso no contempla un castigo inmediato; en caso de que la FAA detecte anomalías graves, se abrirá un periodo de gracia para que México implemente un Plan de Acción Correctivo (CAP). Si las observaciones no son solventadas de forma satisfactoria en las semanas posteriores, la degradación a Categoría 2 se volverá una realidad inevitable.

Un golpe fulminante para el turismo y las aerolíneas

Los analistas del sector coinciden en que un eventual regreso a la Categoría 2 tendría consecuencias devastadoras para la economía nacional en un mercado transfronterizo de alta demanda. De confirmarse un fallo negativo, las implicaciones operativas entrarían en vigor de inmediato. Si así fuera, las aerolíneas mexicanas tendrían prohibido abrir nuevas rutas o añadir frecuencias hacia aeropuertos de Estados Unidos.

Igualmente, los operadores nacionales no podrían utilizar aviones nuevos o recién adquiridos para cubrir las rutas transfronterizas actuales, limitando su capacidad de modernización.

También se suspenderían de forma automática los acuerdos de código compartido, impidiendo que las empresas mexicanas comercialicen boletos en alianza con aerolíneas estadounidenses.

El gremio aeronáutico califica las próximas semanas como un periodo de alta incertidumbre. Mientras la AFAC se alista para recibir a los inspectores de la FAA, las aerolíneas nacionales diseñan planes de contingencia para blindar sus operaciones ante lo que podría ser un duro revés para la conectividad y competitividad del país.